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miércoles, 16 de abril de 2014

“Arqueología” en los viñedos

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La arqueología llega al viñedo. Bodegas Torres ha realizado en las últimas semanas 25.000 injertos de variedades antiguas en sus fincas.
Ha descubierto, con sorpresa, que algunas están bien adaptadas al cambio climático.
Una variedad ancestral en laboratorio.

Bodegas Torres ha logrado con éxito la recuperación de ciertas variedades ancestrales que se creían extinguidas con la llegada a Europa de la filoxera en 1863, con el “sorprendente” hallazgo de que algunas son resistentes al calor y la sequía y tienen gran potencial vínico. Así lo explica a Efeagro el director general de la firma, Miguel Torres.
Estos días “están siendo muy especiales para nosotros, porque después de muchos años de investigación, finalmente estamos recuperando variedades” prefiloxéricas y, en 3 o 4 años, esperamos obtener vinos con ellas, afirma. A finales del siglo XIX se perdieron muchas variedades europeas por esta plaga, pero Torres tenía el convencimiento de que algunas podrían haberse salvado.
Bodegas Torres posee 2.432 hectáreas de viñedos, de los cuales 2.000 están en España, 400 en Chile y 32 en California, y emplea a más de 1.300 personas. Sus vinos pueden encontrarse en más de 150 países.
En España, Bodegas Torres está presente en las Denominaciones de Origen Catalunya, Conca de Barberà, Costers del Segre, Penedès, Priorat, Ribera del Duero, Rioja y Rueda.

Hace más de 30 años, empezaron a pensar cómo recuperar esas vides antiguas y pedir ayuda a los viticultores con anuncios en la prensa local para que les informasen de aquellas vides “extrañas” que encontrasen en los campos y que no conocieran. ”Fuimos a certificar si esas variedades eran prefiloxéricas, tras un estudio genético” y después “quedaba un largo trabajo por delante para entenderlas” y ver su potencialidad para hacer vinos, detalla.
Según destaca, “descubrimos más de 30 variedades prefiloxéricas y, de éstas, 5 o 6 tienen una gran potencialidad para hacer vinos“. ”Este proyecto no estaba pensado para buscar cepas resistentes al cambio climático, pero una de nuestras sorpresas fue que algunas tienen gran resistencia a la sequía y las altas temperaturas y producen vinos muy bien estructurados, con buena acidez y frescor”.
En su opinión, “las variedades ancestrales del pasado quizás nos pueden ayudar a enfocar mejor nuestro futuro” ante el cambio climático. Ya han replantado algunas variedades tintas, como la garró o la querol, que forman parte del ensamblaje de su vino “Grans Muralles“.
Estos días, resalta, están “reinjertando unas variedades blancas del Penedés; pensamos que en tres años podríamos tener las primeras cosechas que nos permiten probar este vino a nivel comercial”.
Sobre los nombres de las plantas recuperadas del olvido, señala que han tenido que “ponerles un número, porque se han perdido todos los registros y denominaciones. Cada una de ellas tiene, así, que ser bautizada de nuevo”. Por ejemplo, la variedad blanca que están reinjertando ahora en la finca Aiguaviva, en el macizo del Montmell, la han llamado Selma, en referencia al nombre del pueblo abandonado de la zona, donde “tenemos la certeza que esta se cultivó en el pasado”, describe.

Calentamiento global
Preguntado sobre los efectos del calentamiento global, el bodeguero cree que, con el incremento de las temperaturas, “cambiará el mapa de las Denominaciones de Origen en España y también en todo el mundo; se van a tener que plantar distintas variedades y veremos surgir nuevas zonas vitivinícolas que antes no existían y donde se podrán hacer grandes vinos”.
De hecho, la firma “está apostando” por la zona de Prepirineo para plantar viñas e, incluso, en el Pirineo, en la montaña; “Tenemos fincas de 900 a 1.200 metros de altura y pensamos que se consigue un frescor y una acidez excelentes para hacer vino”.
Pero, ¿qué zonas se verán más afectadas en España? “Pienso que absolutamente todas. Y no sólo en España, sino también en Francia, Italia o Alemania, entre otras. Eso sí, no vamos a dejar de producir vinos en estas zonas, sino que tendremos que cambiar algunas ubicaciones o las variedades que se plantan”, advierte. ”De cara al futuro, vamos a tener vinos de calidad por muchos años, pero sí que nos vamos a tener que adaptar”, añade.

En Chile, miran haciael sur
Por su parte, en Chile, “donde también está afectando el cambio climático, estamos yendo a comprar terrenos cada vez más hacia el sur” en búsqueda de temperaturas más bajas y disponibilidad de agua.
Según remarca, se enfrentan a graves problemas de agua en los valles de Casablanca, Limarí o Elqui, y “todos estamos mirando más al sur”.
En este contexto, han ultimado la compra de 200 hectáreas cerca del municipio de Chillán, “a los pies de la cordillera”, que tiene buen acceso al agua, “indispensable” para la viticultura chilena.
Según insiste, Bodegas Torres remarca su convencida conciencia ambiental: “desde tiempos de mi abuelo, no utilizamos ningún pesticida, ni herbicida”. Hace unos diez años, se dieron cuenta de que “algo estaba cambiando en el medio” y las temperaturas se incrementaban, por lo que decidieron hacer “una apuesta fuerte” para reducir emisiones y poner “su granito de arena” frente al cambio climático; como “reto”, reducirán un 30 % las emisiones en el período 2008-2020; de momento, ya han recortado el 10 % su huella de carbono.

Trabajamos mucho para conseguir nuestras propias energías, tenemos placas solares, calderas de biomasa y reciclamos todas nuestras aguas. Queremos ser lo más eficientes posibles”, concluye el directivo.

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